Presentación del libro Paco Espínola de Daniel Gil

por / Miércoles, 11 Noviembre 2015 / Publicado enNoticias y Presentaciones

PRESENTACION del libro PACO La violencia y la piedad Daniel Gil
10 de octubre 2015 / 38ª Feria Internacional del Libro

Por Marcelo Viñar

Hace un siglo, aquí mismo en San José, un hijo, un padre, una familia, un terruño o querencia (en alemán se dice Heimat) lo que anuda etimológicamente lo familiar – heim – y el territorio – heimat, con estos ingredientes Francisco Espínola amasa su obra literaria.

Con estos ingredientes que le lega Pako,  Daniel Gil construye un libro, este libro.  Ingredientes necesarios, suficientes para construir una genealogía, es decir las marcas reales y ficcionales, de un origen y un destino. De cómo un ser humano se formatea en cinco generaciones.

Dos en ascendencia, dos en descendencia, intervalo entre genealogía e historia, que genera dos relatos diferentes. Destino fatal de la condición humana, en tanto especie hablante, donde la condición de congéneres es diferente que en otras especies vivientes.

Podría formalmente decir que lo escribe un colega y un amigo, pero desde mis entrañas prefiero decir que lo escribe mi hermano por adopción, hecho que como Uds. saben sella (muchas veces) vínculos y lealtades más fuertes que los lazos de sangre. Es sólo por eso que me autorizo a estar aquí.  Es desde esa cercanía que he leído (para bien o para mal), ahí las condicionantes (ventajas u obstáculos de mi enfoque).

De jóvenes, el autor y yo aprendimos el catecismo de que el complejo de Edipo tramitado en la intimidad familiar era crucial como cimiento de la persona. Aunque el fundador del Psicoanálisis se ocupó también a lo largo de su obra de la lengua y la cultura (el eje socio-antropológico), lo que trascendió de nuestro oficio ha sido en la actividad del consultorio: nuestro medio de subsistencia, la clínica de la neurosis.  El autor, como el fundador, se abre a la cultura y explora la fecunda pero difícil interface entre lo público y lo privado.  Los textos clínicos llevaron a Canetti a reprochar a Freud el desconocer al sujeto de las multitudes y Marc Bloch ironizaba diciendo que los hombres (los humanos), hoy el androcentrismo no es políticamente correcto, los humanos se parecen más a su tiempo que a sus padres.

A mi entender el libro de Daniel supera esta aporía y sin desatender la mirada del psicoanalista, se inscribe en el legado o el linaje de J. P. Barrán, de la “Historia de la Sensibilidad”.

Don Paco – padre – Paquito hijo, como protagonistas en el escenario de una familia y una cultura, la maragata, de hace un siglo.

Historias de Familia y Familias en la Historia – expresión que le plagio a mi mujer, Maren Ulriksen – para definir el telar donde se teje nuestra individualidad, nuestra pequeña parcela de seres singulares y únicos, en el seño de una cultura en lo que Freud llama las almas colectivas y Bajtin llamaba Cronotropo: aquello propio y específico de cada tiempo o lugar: los conjuntos trans-subjetivos que modelan nuestra mente.

La interacción causal de estos distintos niveles de comprensión fue mi mayor fuente de placer en la lectura.  De cómo en la micro historia de un pueblo perdido en el lejano sur, se bordaba el puente, el nexo entre lo particular lugareño y los universales de la función paterna y la filiación del lugar de la mujer en la organización familiar y en la organización política; del estatuto peculiar de lo masculino y lo femenino, que tienen aristas tan peculiares en cada tiempo y lugar.

Otro tanto para los ritos de virilidad en el campo de la sexualidad y de los ideales políticos, las eternas pasiones políticas que generan tanta creatividad, tanta estupidez y tanto daño.

La hábil artesanía de Daniel Gil para articular los rasgos personales de los Espínola con los códigos políticos y culturales maragatos de comienzos del siglo XX, leídos desde el Montevideo de 2015.   ¡Qué cerca y qué distante! ¡Qué siglo este siglo XX!

Algunos piensan que es excesivo hablar de vértigo civilizatorio, que la clave de los cambios epocales no define la actualidad – que las invariantes estructurales de la naturaleza humana “Nada nuevo bajo el sol”, son lo decisivo.

En la multicausalidad que el autor va explorando y disecando, podemos calibrar el oxímoron de la cercanía y la distancia que nos une y separa del ‘900. Y explorar el pasado que nos funda y nos genera placer y reflexión.

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La manera en que el autor expone la función paterna y la filiación, el lugar de la mujer en la sociedad y la función de los ideales (heroicos y sacrificiales) en las entrañas de una cultura criolla de hace un siglo, me parecen de una excelsa claridad.  No solamente como documento del pasado, como archivo de lo que fue, como reliquia arqueológica, sino como interpelación del presente: de algunos polvos vendrán estos barros, diría Antonio Machado.

Dice E. Hobsbawn, que una arista relevante de los tiempos actuales, inédita en la historia de la humanidad, es el silencio y el desdén por la tradición.  Militando en la dirección opuesta, este libro nos remite a nuestros orígenes cercanos, de hace un siglo.  Su mirada, su perspectiva o atalaya, de psicoanalista diestro y erudito de la historia de las ideas, contagiado por las “malas compañías” (decía mi mamá), de J. P. Barrán y G. Caetano, despliega un arcoíris donde borda los hilos de la subjetividad más íntima, con los imperativos políticos y los mandatos socio-culturales de los imaginarios colectivos con los que se produce una humanidad en movimiento, que refuta la perpetuidad de los esencialismos y los remplaza por la construcción (y destrucción) de ideales y valores. La historia humana resulta como el telar de Penélope.

Pero el desarrollo de este libro no me sacude solamente con sentimientos gratos de ternura en una fraternidad cristalina.  También se asoman las diferencias.

Yo vengo de Paysandú, de familias recién llegadas al terruño, destituidas de su raigambre y pertenencia por el oprobio racial, que sólo bendecían esta tierra porque les brindaba alimento y libertad. Por consiguiente ajenas a la fuerte y determinante tradición de ser blancos o colorados, distantes o perplejos ante esa rivalidad fratricida.

De niño nunca me enseñaron en mi casa o en mi escuela algo comprensible, sólo dirimible en el enigma de las divisas de las vinchas. Un enigma que me dejaba estupefacto.

Pero décadas más tarde el maragato y el sanducero con comienzos e itinerarios tan distintos, tuvieron fatalmente que encontrarse y sintonizar, a partir de la selecta elite de la AEM hasta esta vejentud que ostentamos. Estábamos en la selecta minoría de los que anudaban los estudios universitarios con la militancia gremial.

Es en esos territorios – materiales y simbólicos – que se edifica nuestra fraternidad, reconociendo la heterogeneidad de los recorridos, pero la convergencia en la diversidad.

Pongo en relieve este acto humano tan simple y elemental como decisivo porque contrasta con el mundo actual. El mundo de hoy – de la imagen y la velocidad – globalizado pero fragmentado – promueve tribus donde cada quien se repliega y se refugia en la suya, sólo hablando con gente como él.

La alteridad lo altera o lo repugna… y el prójimo se convierte en amenaza o enemigo.  Sólo se arriesgan a asomarse en el espejo de Narciso, que siempre concluye en el suicidio.

Con Daniel puedo jactarme de que somos distintos y somos hermanos.  Me honra y agradezco estar en este Panel.

Marcelo Viñar

Marta Labraga de Mirza
Un reconocimiento

La extensa obra de DG, su pensamiento y reflexión,  tienen un  valor para a mí y para nosotros siempre renovado, en estado naciente, en presente,  aun con el paso del tiempo reconocido!  Su obra nos atraviesa como seres de letras que somos, poniéndonos a resguardo de esos ‘nombres’ que pueden arrastrar algo de engaño o impostura:  ‘psicoanalista’ o ‘ dedicados a la literatura’. Tal vez más sencillamente somos  locos de las letras.

Y en las lecturas de este libro especial, Paco. La violencia y la piedad descubrimos todos los  temas centrales de la  reflexión de D G a lo largo de sus trabajos y de su transmisión; las formas de la violencia entre los hombres, los caminos del deseo y la ley, ‘la cuestión del padre’ e implicándose en el escritor Francisco Espínola, su Paco, recorre sus  pasiones, amor, odio e ignorancia  (las pasiones del yo, como las llama Lacan).  Y su modo de presentarlo y  profundizar en sus páginas,  nos hace una vez más transferir, entrar en transferencia con las letras, que es eso lo que entendemos como propio de una escritura que permite  el pasaje de ir más allá de lo dicho, seguir desde otro lado la narrativa de Espínola, ‘ir hacia’…  ese otro lado que siempre, como en el espejo nos enfrenta a  algo propio, nos lleva al encuentro de algo nuestro y desconocido al mismo tiempo.

.Y en el mismo movimiento de escritura DG  nos muestra hacia donde lo lleva la historia compartida con Paco, a él mismo. ¿Libro de madurez y  de melancolía?.  Mejor diría libro que ya nació madurado,  trabajado a lo largo de décadas y anunciado en libros anteriores.  Porque en todo lo que desarrolla aparecen sus intereses  centrales  sobre psicoanálisis , literatura y sobre el estudio de las mentalidades.

¿Y cuánto lleva escribir un libro?

¿Acaso son estos tres meses cronológicos en que lo escribió, como de un tirón? Junto a los tiempos editoriales y al amigo Gerardo Caetano que lo alentaba?.  Ni siquiera aceptamos que se trate de los 35 años que DG señala que durmió el libro en los cajones. Lleva la vida entera. Hoy  más que nunca entendemos ese otro tiempo  que es consuelo de las fugas de la vida, el que viene en diferido a decirnos algo de lo vivido y a ubicarnos como aquellos que fuimos cuando lo vivimos;  con dolor, tristeza o alegría, también,  nos trae un presente donde aquel futuro ya es pasado, es “el tiempo está después” como dice el poema de Fernando Cabrera que D cita en el último capítulo del libro.

Pero este hoy apremia y me concentro solamente en algunas ‘escenas’  que he creado con mi lectura , como Uds harán las propias.

(Hay para nosotros un Francisco Espínola escritor canónico, del canon escolar, de los autores de la patria y hay un ‘Paco’ que es el de la intimidad de DG en el libro y el de algunos críticos que conocieron bien su obra, su docencia y su personalidad: Juan Carlos Onetti, Angel Rama, Carlos Maggi, en el excelente Capítulo Oriental.)

Prólogo

Allí con ese ‘retorno a los orígenes’, comienza también la recuperación de su origen para DG en su San José, querido,  pero al que no está “fatalizado” como decía  Espínola de su ‘pago’ sin el que ‘no podía vivir’, sino que lo sitúa en la evocación, un poco a distancia, en la historia de historiadores y guarda para sí y hace que la podamos inferir los lectores, la otra historia, más mínima y privada.

Aun frente al cuidadoso orden que DG le imprime al recorrido del libro y sus capítulos  su lectura me llevó, digamos, a ‘desordenarlo’ porque así se me volvían en la evocación de las páginas de Espínola  y de DG y porque son sólo  algunos pasajes y escenas las únicas que podría mencionar aquí.

Y para comenzar armo este recorrido desde una escena que DG presenta así:

“el 26 de junio de 1973, la noche previa al golpe de estado, recuerdo con mucha nitidez a mi padre ante el féretro de Paco. Lo veo muy triste y pálido, con seguridad recordaba y evocaba la infancia, la juventud. Pero ¿qué digo la infancia y la juventud compartidas? Toda la vida fue compartida por Luis Pedro, Paco y mi padre, estos tres amigos que más que amigos eran hermanos” (p.12)

Entonces creo que este libro es también una mirada de DG que, con sus propios armados y restos de recuerdos, reconstruye e imaginariza los supuestos caminos por donde se pierde ‘aquella mirada’ del padre. Azarosos recorridos esos de buscar en las historias de los que nos antecedieron, buscar otros que nos sostengan en esos oscuros o complejos lazos familiares; buscar un padre. Y  ya dejo planteadas las interrogantes que no se cierran más que parcialmente: ¿ de qué padre se trata y  de qué destino de la filiación?.

 El punto  de partida es siempre la pérdida, la muerte, y evoco de Borges:

”La Muerte (o su alusión)  hace preciosos o patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser el último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo entre los mortales tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso” ( El inmortal en El Aleph )

¿Desde dónde escribe DG?

No podría marcar una prioridad entre las fuentes que se revelan en su escritura que son múltiples; y allí encontramos; en primer lugar,  una situación especial, de testigo y de implicación en los lazos familiares de Espínola y su familia  y de la propia, como vimos, con el propio  conocimiento de Paco que le llamaba su joven Doctor Danielito, el “que iba a conservarle la existencia”. También la fuente de las cartas, de textos de Paco en Homenajes, Manuscritos, entrevistas; y el rescate de las  reflexiones del escritor sobre sus personajes, todas sus acotaciones como documentos riquísimos de sus puntos de vista. Cómo no señalar la alegría de DG cuando evoca los textos y cartas de Espínola, desplegando el afecto y el reconocimiento del escritor  a su padre Luis Gil Salguero en quien encontraba al amigo querido y al lector ideal.

 Todo esto a su vez evocando  la literatura y las páginas conmovedoras y ásperas de los cuentos y las novelas en especial Sombras sobre la tierra y con el mundo inconcluso de Don Juan el Zorro  que DG ha ido leyendo y releyendo a lo largo del tiempo. Y también D escribe desde el psicoanálisis como una posición para pensar su vida, las mentalidades y la vida de los hombres en su complejidad singular como se le aparecían en su práctica analítica.

Con todas estas fuentes dejamos sólo mencionados los capítulos  de San José del XIX y principios del XX. De las revoluciones del 1897 y de 1904, de aquellos hombres y todo su epos heroico y patriarcal, de la ‘cultura bárbara’ y de las alternancias con el otro tiempo que se iba abriendo donde el quehacer político guiado por nuevas elaboraciones del pensamiento y lecturas de nuevos escritores europeos, con la reformulación de los  ideales y de la  cultura, interpelaría a seres de otra sensibilidad como la de Espínola escritor.(p.54)

También son de mucho interés las páginas dedicadas a las facetas fuertes del conflicto de Paco en relación a las armas y las letras pero a partir del ideal paterno de exigencia y grandiosidad. ( cf p.182-183.)

La cuestión del padre

DG sabe de lo interminable de estas reflexiones y dice: “Pienso que buena parte de la obra de Paco y de lo mejor de ella, estuvo destinada a elaborar la relación con esa figura que lo deslumbró, que amó y que temió.”

Qué espera un hijo de un padre es paralelo a los deseos siempre enigmáticos del padre hacia el hijo;  nudo y lazo de relaciones imposibles de desintrincar. Porque el lugar o la función del padre se podrá imaginarizar de diferentes modos y siempre eso tendrá algo terrible en su dureza, en lo implacable tal como aparece en los cuentos, o también el peligro de la idealización porque se perfila siempre  la persecución; eso desde un padre real, que, a su vez, para el hijo  sólo lo es ‘aparentemente’,  porque es el descripto por su  mirada y el prisma de deseos y fantasías,  o con su conflictual e insondable modo de buscar su reconocimiento y que sea siempre diferente; porque un padre siempre estará en más o en menos, nunca en lo justo, de lo deseado por el hijo. Su carácter es siempre defectivo y la dimensión simbólica se alcanza desde la ausencia,  sólo se puede ver desde la pérdida, como padre muerto, como alma de los destinos de la filiación, como alternativas de una subjetivación que cada uno de nosotros hace como puede y a medias. Y no sólo para los neuróticos o locos, no sólo para los geniales y sufrientes, como Kafka o Dostovieski o Espínola, sino para cualquiera.

( De qué modo se relaciona con la omnipotencia materna y el deseo de la madre sustituído por la metáfora paterna. Y se abre el campo de la conexión con la  ley, la culpa, la castración)

Cuando Francisco Espínola nace en 1901  ya no hay lugar para la épica vida heroica de los caudillos y lo que él llama doloridamente “su sensibilidad” , con un dejo de autorreproche,  es que se siente débil por eso,  hijo de una mujer madre querida y  protectora y ambivalente con un padre jefe y caudillo. El epos heroico de las patriadas en que combatió este padre era idealizado por el escritor y por eso esencialmente problemático. Al mismo tiempo nunca fue una disyuntiva para él,  ya de otra época y otra formación, el enfrentamiento de las armas y las letras o el crucifijo!  pero esto desde los caminos de la conciencia oficial, pero detrás de ella, aparecen  aquellos ideales  de un hombre también  culto y lector de grandes obras como el padre de Espínola, y ellos  no dejaron nunca de asediar a Paco buscando  un reconocimiento que alcanzara a mitigar las exigencias tiránicas de su propia grandiosidad  y los ideales de su narcisismo.  En ese tiempo absolutamente patriarcal un hijo debía ser moldeado y templado, las obras que el padre le leía eran fuente de enseñanza, para ser, como los grandes, genios o santos. Y las dos cosas también ! Dura  lección de moral! Con esa sentencias que se transmiten inconscientemente.  Se producía el viraje a otra época, las formas de pasaje de la cultura ‘bárbara’ del Uruguay  a la ‘civilizada’ ,  que igual siguió  siendo salvaje aunque se abría la sensibilidad., como tan bien lo investigó J P Barrán a quien también está dedicado este libro.

Y así a lo largo de los cuentos y fragmentos de Espínola DG subraya:“Paco empuñó la pluma como su padre empuñó las armas. Lo que el pobrerío rural fue en las revoluciones, lo fueron para Paco los humillados y los ofendidos, los rechazados a la periferia de la ciudad, al Bajo.”(p.94)

Las aspiraciones del padre ( y del abuelo ) podían ser las de las letras de genios y santos que moldeaban a los hombres pero los conflictos infantiles se hacen a partir de los deseos inconscientes de los padres y de las acciones vistas y vividas encarnando ideales;  aquellos hombres mostraban su admiración por la fuerza y el dominio de las armas y el pelear. El exquisito lector de La Ilíada que  cuentan que fue Espínola  sabía  que el poema homérico fue “el poema de la fuerza” como le llamó Simone Weil, que  para su padre,  (como lo muestra el terrible episodio de paso del Morlán)  la fascinación era la fuerza y el coraje. En La Ilíada homérica se desbordan los hombres en su areté y morir en la pelea se vuelve destino. Homero  hace vivir a los hombres en su epos y en sus afectos también para darles después la muerte en escena,  para que sepamos bien quién muere y lloremos por él.

 La dicotomía de las armas y las letras en el mundo de Espínola nos muestra aún que su visión y la nuestra de ese tiempo, el de “las revoluciones”, era más dura aún, el ideal de ser  hombre a través de las armas, una identidad fundada en el coraje, el valor, la audacia, el arrojo corporal, que son formas de la violencia directa del poder sobre otros, doblegándolos.  DG también abre un modo de pensar el lugar de la mujer en este mundo patriarcal y las violencias con las mujeres, la culpa,  la ira y las formas de la autocompasión a la piedad.

Y aparece recordado por DG el modo en que JP.Barrán veía  que en ese universo la relación del padre y del hijo era ‘indiferente’ y se transformaba fácilmente en ‘rigor’ y severidad, “la dureza era un valor y el silencio debía imponerse a los niños”.

( Persiste aún en nuestros analizados, padres a su vez de hijos adolescentes que los enfrentan y conflictuan y ellos dicen que no saben hablar, sólo les pegarían,  y es que se ven inundados por los “silencios” vividos con su propio padre o por los golpes o destratos que soportaban!)

El testimonio de Paco transmitido por Jorge Ruffinelli dice: “Nosotros que tenemos un pudor que es tremendo a manifestar nuestra intimidad en sus aspectos delicados y tiernos, Nosotros que tan rápida, irresistiblemente salimos hacia afuera en raptos de furia e ira, de sentimientos agresivos, contenemos hasta lo inaudito cualquier emanación, cualquier fluencia delicada cariñosa del corazón”. …” en el ambiente familiar de la época…el hermetismo de los padres hacía sufrir a los hijos” “ De manera que para mí siempre tuvo muchísima importancia “Visita de Duelo”..(p.142-143)

Y acaso no son así de complejos los personajes de la narrativa de Espínola?

Ellos  vicariamente,  en sus acciones satisfacen también un goce de triunfar, matar, rivalizar,  ganar sobre algún “ viejo padre”,  y vemos cómo el ideal omnipotente no es del sujeto sino que es del Otro, de un fantasma al que se hace  un garante y  tiene una oscura claridad  como dice G le Gaufey.

(Lo sabemos todos los que escuchamos las trampas del yo y sus ensueños grandiosos que conducen a los hombres a la guerra. Por eso la mujer es la gran civilizadora tb temida siempre. Se me ocurre el título del premio Nobel actual:  La guerra no tiene rostro de mujer (1985)

En los cuentos y en Sombras sobre la tierra se trata de las figuras  ‘del’ padre,  a las que por diferentes modos de acceso DG cerca y presenta a través de sus ficciones y en cartas y en la literaturidad  de todas sus expresiones y por eso puede llegar a afirmar:  “De allí la ambivalencia (el amor y el odio), la violencia que hizo vivir a sus personajes y también la culpa consiguiente que compensó con la piedad. De allí también la reiterada afirmación…  de sus personajes, de que eran buenos  y no podían entender la aparición de lo que sentían y de las conductas que no podía dominar” (p.186=

: Así la piedad la entiendo  en su conjunción con la violencia, como lo dice el título,  entre lo que los arrebata, sus núcleos de pasión y locura y el patetismo de su finitud ,  Con la ilusión perdida del bien universal  y  la bondad entre los hombres y en si mismo.

Por eso dirá también de  la lectura de Freud “me hiela el corazón” y me tira abajo todo aquel mundo bondadoso, aquel mundo de justicia, de paz y amor en el que yo ansiaba confiar” y le queda como aspiración fuerte lo que descubre de Freud el camino de la sublimación. Pero de esa lectura  dice: ”se me vinieron abajo todos mis sueños…y  (sentí ) que estaba condenado a vivir a ciegas” y DG tomando sus dichos de 1962 en el discurso en el Homenaje de la Junta Departamental señala desde allí el refugio en el narcisismo y su piedad para contener la angustia.

Lo que leemos es que Espínola es siempre el más ‘analista’ y agudo crítico de sus personajes, a  cada paso de las acciones o dichos de sus personajes acota una reflexión sobre el bien y la maldad, pero entendiendo algo mucho más hondo que estas polaridades. Nunca renuncia a dar ‘su’  reflexión sobre la escena narrada o sobre el personaje; no renuncia a una teatralización del mundo que nos presenta por un diálogo  y en seguida da una opinión, o una explicación desde un lugar semi extrínseco de narrador. O sucede que lo ponga como título Qué lástima!  .Allí  abre toda una mirada sobre el hombre y sobre sí mismo donde la pobreza aludida además de evangélica es la de los vasallajes y sumisiones a lo desconocido que nos habita y a los desbordes de esa violencia que llama el  mal. Por eso DG seguirá de cerca a un  personaje como el Juan Carlos de Sombras sobre la tierra,  un desesperado en medio de sus pasiones  y de un desasosiego metafísico,

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(El ideal puede  llevar al sujeto a una zona de auto castigo y al mismo tiempo de perduración y repetición del actuar y desear, por eso el SY será obsceno y feroz. Cuando Foucault escribe del discurso de Sade dice algo muy cercano a la comprensión de los sufrimientos del hombre por sus violencias,  filo de goce, angustia y deseo y afirma que sería un error pretender leer a Sade desde Freud. Pero, que es Sade quien nos permite leer a Freud.)

Y estos aspectos  que nos muestra DG, por ejemplo del personaje de Juan Carlos en Sombras sobre la tierra, desesperado por salir de la reiteración de un circuito de rechazo y violencia y destrato hacia aquellas mujeres del Bajo, maltratadas y golpeadas por él. Y  luego inundado de piedad y de culpa queda cerca de los personajes de Dostovieski, ateridos de pasiones incontrolables no sólo por los fantasmas antagónicos de la  mujer, la pura y la virgen y la prostituta y la santa, figuraciones que giran alrededor de la imposible separación de la mujer madre o de la  “·madre esencial” , sino también por el lazo imposible de resolución entre los seres donde la conjunción erotismo y muerte lo vuelve interminable.

Subrayo: Toda obra es una  biografía, una autografía, una ficción, que  la verdad de un sujeto tiene estructura de ficción , más allá de ese pudor especial que me hace llamar siempre Espínola al escritor, entiendo a sus personajes desde esa narrativa que deslumbraba  y ataba a sus lectores a su ‘oralidad’.

Carlos Maggi en Cap Oriental donde escribía que Espínola era “un ser contradictorio y contrastante, desde el esqueleto a la gesticulación!” dijo que su obra mayor para él era Don Juan el Zorro y que se mantenía en pie por el “entrechoque interno” pero sabiamente administrado,” y aunque no podamos detenernos , diría que en esa historia “de los bichitos de Dios” como criaturas de Dios,  en esa historia de gauchos que no son gauchos, aparece fragmentariamente e inconcluso como quedó la novela,  el dolor y el sufrimiento por los seres humanos y todas sus aspiraciones a la bondad el bien y la piedad frustradas

Hay un camino también que sigue DG aquí y recomiendo buscar, que fue un libro independiente Las ratas Un  recuerdo infantil  de 1986 con un prólogo de Edmundo Gómez Mango donde la escena de las ratas del recuerdo infantil aparece  en las diferentes versiones del mismo escritor y retomadas aquí y ahora por Daniel Gil  se vuelven metáforas cada vez más complejas de los hijos de la tierra, de sus sombras, de “las cuevas de los hombres”, sus pasiones y sus padecimientos.” Y la sensación del mundo subterráneo y desdichado de las ratas me infundió una infinita piedad”!,

DG muestra de modos excelentes y retomando varios cuentos  ( Visita de duelo. Pedro Iglesias, Todavía no … )  los modos de figuraciones de padres terribles, imaginarios que sostienen un ideal de austeridad, dureza y  distancia afectiva con sus hijos, violentos hasta físicamente y derrumbados de una pena que ni pueden expresar cuando aquellos sufren y mueren; la cultura ´barbara’ era en realidad arcaica y feroz y en esa bisagra de las mentalidades en que Espínola crea su obra las fracturas lo arrastran a afectos y a la piedad y la solidaridad entre los hs y con los desgraciados de la tierra pero tb a un sufrimiento íntimo como si siempre aflorara un borde donde sentirse flojo, de poco valor a los ojos de un padre y sus deseos. Nudo de la filiación.

Esa condición de la memoria de hacer los pliegues en que se multiplican las escenas aparece en todo este libro porque el lugar desde el que DG escribe es el de un testigo privilegiado de un mundo de amistad de los hombres de su mundo y de los lazos fliares. Por eso también el decurso del libro nos hace recorrer las tormentas afectivas de los personajes por ej las de Sombras sobre la tierra pero quedan en primer lugar las turbulencias del evocador, de un lector de Francisco Espínola y de un testigo de su vida, de alguien que como DG podía ir evocando e infiriendo las pasiones de la vida entrelazando vida y obra de Paco. Los lazos familiares encierran la condensación singular de las historias de sus integrantes pero quien dice historias dice histerias, versiones, construcciones de hechos y fantasías , de restos de cosas vistas y oídas, de recuerdos encubridores y de lazos profundamente violentos aunque la socialidad y la cultura los vaya adecuando a la transmisión generacional.

 Eso es el malestar en la cultura que no cesará nunca- Pero las familias evocadas en este libro ya no existen y no sólo porque ya no existen los seres que las formaban sino porque de’ la familia en desorden’ de fines del siglo XX de que nos hablaba E.Roudinesco  pasamos a encontrarnos con las dispersiones de lo familiar y entonces ya los modos de convivencia y los lugares desde donde se nace son de estructuras muy diferentes.  Lejos del patrón de la cultura occidental que hacía  interpretar todo lo familiar bajo el modelo de la familia nuclear de la modernidad que llevó a Freud y también a Lacan a establecer estructura edípica.

Y para terminar agrego que en el libro encontrarnos esos modos diferentes de leer literatura, confirmando una vez más la afirmación de ‘crítica literaria’ de que cada obra contiene sus claves de lectura y le devela al lector sus condiciones de enunciación,  cómo tiene que leerla, la posibilidad de sus sentidos.  Pero también como dice Agamben: ” en cada libro hay algo como un centro que permanece escondido y que es para acercarse, para encontrar y a veces, hasta  para evitar ese centro,  que se escribe ese libro” (Estado de Excepción)

Y encuentro que DG no se ha rehusado a acercarse ni a buscarlo, no lo ‘evitó’ y por eso en medio del ‘alma entristecida’ como dice la página final, le llega ese alivio de la creación. Y a nosotros también.

Marta Labraga de Mirza

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